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Crucero por Alaska - SITKA  
Publicado el 27 de diciembre de 2015 por Alicia.


La última escala en Alaska y eso significaba la última oportunidad para avistar fauna en la zona. Lo dejamos en manos del azar, esperando que el clima fuera favorable y hubo suerte, mucha suerte.
Sitka, situada en la isla de Baranof, es una bonita ciudad, extensa, que conserva también vestigios de su pasado Ruso y con algunos atractivos dignos de visita.
El barco fondea frente a la ciudad. El puerto no permite el atraque y por tanto, hay que desembarcar en los tender para llegar hasta él.
Como ya he comentado, durante todo el viaje la idea era realizar alguna excursión para avistar fauna local pero hasta entonces no lo habíamos hecho, bien porque los lugares visitados ya tenían muchas cosas para visitar o bien porque el tiempo no acompañaba lo suficiente como para animarse. También es verdad que no en todos los lugares se pueden avistar ballenas, que era nuestro principal objetivo, con lo que ya las opciones quedaban más reducidas.


Por este motivo y siendo Sitka la última escala en Alaska, nuestra decisión fue la de esperar al último momento y, si el día amanecía despejado contratar una excursión y si no era así, pues mala suerte y otra vez será.
Pero afortunadamente para nosotros el día amaneció espléndido y despejado, de los mejores del viaje y rápidamente fuimos a hacer la reserva a la oficina de excursiones del barco. Había una concretamente, de una duración de tres horas que ya habíamos revisado y que nos parecía muy adecuada para lo que nosotros queríamos hacer. Se podía realizar en dos turnos, a las ocho de la mañana y a las doce. Al tratarse de una reserva de última hora, sólo quedaba la posibilidad de tomar la excursión a las doce y así lo hicimos.
El día anterior, tal como suele hacer normalmente Holland, se entregaron los tickets para abordar los tenders. Hay que hacer cola en el punto de reunión que se indica y se entregan por orden de llegada por lo que hay que ir pronto si se quiere coger tickets para bajar temprano.
A la hora prevista de nuestro tender, bajamos a tierra para dar un paseo por la ciudad. Sitka tiene una calle principal, Lincoln st. y la recorrimos hacia el lado izquierdo donde se encuentran la mayoría de sus atracciones.


Lo primero que encontramos, nada más desembarcar es el Museo histórico de Sitka y el Harrigan Centennial Hall, lugar donde hay servicio de información turística. Muy cerca del puerto, la catedral Ortodoxa de St. Michaels, con una poco elaborada aunque  característica cúpula de cebolla, es el símbolo más notable del pasado ruso de la ciudad. Se puede visitar previo pago. Justo en frente se encuentra la iglesia Luterana de Sitka, gratuita y mucho más sencilla, tanto, que pasa casi inadvertida.
Si continuamos caminando por la calle principal, vamos a encontrar numerosos comercios de artesanía y recuerdos, bares y restaurantes. Es una zona muy animada y totalmente comercial con edificaciones coloristas y un lugar muy agradable para dar un paseo. Y como no, encontramos numerosas referencias a la fauna autóctona en forma de agradables muñecos en la puerta y en el interior de los comercios.


Algo más adelante se llega a la Pioneer Home, un bonito edificio junto a la Totem Square, donde como su nombre bien indica podemos encontrar un magnífico Tótem que la preside. Un espacio abierto al mar desde el cual regresamos de nuevo al centro de la ciudad por la animada Lincoln st en busca de algún lugar donde tomar un tentempié y conectarnos a internet antes de empezar nuestra excursión.
El lugar de encuentro para el tour era en el puerto y allí embarcamos en un barco de tamaño medio, con una parte inferior cubierta y acristalada y una parte superior semicubierta, que es el lugar elegido por nosotros para la travesía. Viendo el barco, algo mayor que llega a puerto con los componentes de la excursión de las ocho de la mañana, me alegro infinitamente de haber tomado la de las doce pues, a pesar de ser un barco más grande, está abarrotado de gente y seguro que realizar fotos desde la cubierta fue bastante más complicado que en el nuestro que, todo y siendo un barco algo más pequeño, iba tan sólo con un tercio de su capacidad lo que permitía que nos pudiéramos mover por todo el barco con amplitud.
El barco navega lentamente las islas que rodean la ciudad, todas ellas habitadas con pequeñas casas de madera y sus embarcaderos y por supuesto, pasamos muy cerca del Statendam con lo que tenemos una visión de este desde todos los ángulos. A lo lejos, altas montañas, algunas con nieve que muestran un paisaje magnífico, un decorado excelente para fotografiar en un día de sol tan espectacular. 


Conforme se aleja del puerto, vamos aumentando de velocidad, navegamos en mar más abierto hacia una zona de nuevo, rodeada de islas y altas montañas donde unas alegres y juguetonas nutrias son los primeros ejemplares que nos dan la bienvenida. En las rocas podemos ver aves y también algunas focas tumbadas al sol. Nos seguimos adentrando en las aguas calmadas y de nuevo podemos ver nutrias totalmente tranquilas, posando para nuestras cámaras y jugueteando entre ellas con mucha tranquilidad y sin ningún signo de sentirse agobiadas por la presencia humana. Y de repente, la voz del patrón del barco que nos avisa de que a lo lejos podemos ver un oso. Magnífico!!! Quizás de todos los animales que pudimos ver, este era el que más ilusión me hacía en todo el viaje porque no es fácil verlos en libertad.


La vegetación de grandes abetos que nos rodea conforma,  junto con los pequeños riachuelos, pequeñas cascadas y las aguas tranquilas, un escenario perfecto para relajarse y disfrutar del entorno.
Durante la navegación, una de las tripulantes nos muestra estrellas de mar y algunas partes de ballena para ilustrarnos sobre los habitantes de la zona.
Nuestro barco cambió el rumbo hacia el lado opuesto de la bahía, en una zona de aguas mucho más abiertas para poder acercarnos a las grandes protagonistas de la jornada: las ballenas.
Durante todo el viaje habíamos podido contemplarlas en varias ocasiones, a lo lejos y no tan lejos del barco, se podían ver los chorros que expulsan por su orificio nasal lo cual advertía de su presencia. Pero en esta ocasión estaban realmente cerca y se recreaban en sus movimientos junto a nuestro barco. Pudimos ver muchas y fotografiar sus colas al sumergirse, esa imagen espectacular tan ansiada por los turistas.


En total, tres horas muy completas en las que pudimos ver diferentes especies, tal y como garantizaban los organizadores de la excursión. Totalmente recomendable.
Ya de regreso al barco, en vez de devolvernos al puerto para tomar el tender de regreso al barco, el propio barco de la excursión se acercó a la plataforma donde desembarcaban los tender y desembarcamos en el Statendam directamente. Una ventaja más de realizar la excursión en el segundo turno ya que como la hora de regreso es muy cercana a la hora de partida del barco, para finalizar el embarque de los pasajeros más rápidamente, nos ahorramos un trayecto. Genial!!!


Y empezamos nuestro camino de regreso hacia el continente dejando atrás las fascinantes tierras de Alaska con sus paisajes enigmáticos entre nubes y glaciares abrazando las altas montañas y sus curiosas poblaciones, cada una con sus particularidades, muy coloristas y algunas de ellas herederas de un pasado ruso que muestran con mucho orgullo. Unas tierras lejanas pero maravillosas que hay que descubrir y disfrutar.

Unas cuantas imágenes de Sitka y la excursión realizada para que veáis la belleza del lugar y algunas cosas  que se pueden hacer y visitar.




Crucero por Alaska - GLACIAR HUBBARD
Publicado el 05 de noviembre de 2015 por Alicia.


Llegamos al glaciar con un par de horas de retraso sobre el horario previsto debido a un incidente que tuvo lugar la tarde anterior, poco después de salir del puerto de Kodiak.
Al parecer un pasajero se indispuso gravemente y eso hizo que el capitán se pusiese en contacto con la marina de Kodiak para coordinar la evacuación en helicóptero. El barco ralentizó su marcha hasta la llegada del helicóptero para que se pudiera realizar la maniobra. Por supuesto, prohibieron la salida a las cubiertas exteriores y que se realizasen fotos con flash, para evitar el correcto desarrollo de toda la operación. Una vez finalizada, el barco siguió su ruta a la velocidad normal.


El Glaciar Hubbard es inmenso, una gran pared de hielo con todas las tonalidades de azul que podamos imaginar y que ofrece una visión impresionante y majestuosa. Al contrario que el Glaciar Sawyer que está al final de un fiordo, este es muy abierto y se ve desde alta mar. Eso es lo que hace que a mí particularmente me parezca más curioso y original el primero. Pero no hay que quitarle espectacularidad. 
Como siempre, es posible ver pedazos de hielo flotando alrededor del barco, algunos de un tamaño considerable y también se puede ver perfectamente la lengua de hielo que desciende por la montaña. Algunas focas reposan tranquilamente sobre los trozos de hielo desprendidos junto al glaciar.
También tuvimos la oportunidad de ver como se desprendía el hielo en varias ocasiones y del atronador ruido que se oye cuando eso ocurre. Es impresionante.


En esta ocasión pudimos encontrar realizando también la visita al glaciar al Seven Seas Navigator de Regent. La pena es que el día no acompañaba. Este junto con el día de Juneau, fueron los dos únicos días de lluvia intensa que encontramos durante el viaje. Eso impedía podes hacer fotos correctamente desde la proa del barco pero, afortunadamente, en el Statendam se puede recorrer todo el barco por la cubierta de paseo y eso hace posible que se pueda contemplar el magnífico escenario desde cualquier punto y sin mojarse.
Como siempre, Holland America colma de atenciones a sus pasajeros y ofrecía chocolate bien caliente para combatir las frías temperaturas y el viento que hacía ese día. Además, una narración en inglés iba explicando todo lo que se podía ver desde la posición del barco.



El Statendam permaneció tres horas en la zona para el disfrute de todos los pasajeros y ya cuando empezó a retirarse, también las nubes empezaron a dejar pasar algún rayo de sol, como casi todas las tardes por aquellas tierras.

Os dejo un completo reportaje fotográfico del glaciar con todos sus detalles.

Crucero por Alaska - KODIAK
Publicado el 27 de octubre de 2015 por Alicia.



Kodiak es una ciudad portuaria rodeada de verdes montañas repletas de abetos. El paisaje es impresionante. Kodiak da nombre a una especie de oso autóctono de gran tamaño, lo protegen al igual que controlan la caza y la pesca de otras especies. A simple vista no parece una ciudad muy turística. Sus amplias calles están bastante vacías y no hay mucho comercio. Eso sí, cuenta con muchos museos y edificios históricos y su cultura e historia la hacen muy atractiva para el visitante.
El barco atraca a una cierta distancia del centro de la ciudad pero una vez más, la naviera dispone autobuses lanzadera para acercar a los pasajeros de manera gratuita.


El lugar donde paran los autobuses lanzadera está justo frente a la oficina de turismo, un lugar muy interesante pues no sólo ofrece mapas e información turística si no que acoge también el Kodiak National Wildlife, un pequeño espacio repartido en dos plantas donde se muestra muy gráficamente la vida de los osos Kodiak y de otras especies. También se puede contemplar en su interior el esqueleto de una ballena gris. Muy interesante.
Al otro lado de la calle se encuentra el museo Baranov. El museo está ubicado en el edificio más antiguo de Alaska, la casa Erskine y muestra la historia de Kodiak a través de los tiempos, desde la época Alutiiq pasando por la época Rusa y hasta la compra por parte de USA y llegando a los tiempos actuales. Se pueden ver exposiciones permanentes y temporales.


Como acabo de comentar, Kodiak fue colonizada por Rusia y han quedado muchos vestigios de esa época. El primero que encontramos es la Holy Resurrection Church, una iglesia de madera, blanca y con unas cúpulas azules muy típicas de las iglesias ortodoxas.
Siguiendo la calle Mission desde la iglesia, nos encontramos con el museo Alutiiq. Los Alutiiq eran los pobladores indígenas de Kodiak y su lengua pertenece a la familia de las lenguas esquimales. En el museo se pueden ver diferentes objetos y se encargan también de la preservación del idioma y la cultura.


Un poco más adelante nos encontramos con el seminario St. Herman, una pequeña iglesia de madera de bonitas cúpulas azules y un interior muy bello.
Desde allí subimos hacia el puente de Alimaq Dr. Desde donde hay una buena vista de la ciudad, de las montañas que la rodean y del puerto donde está atracado el Statendam.
Ya de regreso al barco, encontramos varias casas de madera, una iglesia Bautista y un bar con un interior interesante.
La vuelta se hace de nuevo en el autobús lanzadera y como siempre, de manera muy ordenada.
Durante las siete horas de escala, la naviera ofrece como siempre una gran variedad de excursiones para pescar, visitar un parque natural, avistar fauna terrestre y marina o simplemente visitar la ciudad repasando su historia.



Os dejo algunas fotos más.

Crucero por Alaska - HOMER
Publicado el 25 de octubre de 2015 por Alicia.


Homer es una población pequeña y dispersa pero muy visitada y turística por ser un lugar ideal para la pesca. La llaman la capital del halibut. Desde la ciudad sale una enorme lengua de tierra de casi 7 Km conocida como  The Spit, lugar donde se halla el puerto y también donde atracan los barcos de crucero. Aquí también encontraremos amplias playas para pasear.
La compañía naviera, en este caso Holland America proporcionó un sistema de autobuses lanzadera desde el puerto hasta el centro de The Spit, concretamente para muy cerca de The Salty Dawg Saloon. Una vez allí se puede tomar el Trolley turístico que va haciendo paradas donde se puede bajar y subir según la conveniencia durante el horario de funcionamiento. El precio es de 12$. Este sistema permite acceder a la ciudad ya que, a parte de los taxis, no hay otro sistema de transporte para salvar esos 7 Km de distancia.


De todos modos, la naviera también proporcionó un servicio de bus turístico que partía desde el muelle donde atraca el barco hacia la ciudad y en el que también se podía subir y bajar varias veces en diferentes lugares. El precio es de 14$ y si se quiere ir al Spit, igualmente hay que tomar el autobús lanzadera para visitarlo porque el autobús turístico no para allí.
Amaneció un día bastante nublado y fresquito, que no invitaba mucho al paseo así que mi opción fue visitar The Spit tranquilamente para tener una primera toma de contacto con el lugar.


The Spit es un conjunto de casitas de madera, pintadas en diferentes colores, el puerto donde llegan ferrys, barcos de pesca y los cruceros, un camping básicamente de caravanas y un pequeño resort. Unas playas inmensas donde no creo que se bañe nunca nadie por las temperaturas tan bajas que hay pero donde se puede dar un paseo tranquilo y agradable.
Las pequeñas casas de madera albergan tiendas de recuerdos y artesanía local, bares y restaurantes donde el pescado es el anfitrión. Es un lugar destinado al turismo.


El local más emblemático es The Salty Dawg Saloon, un bar de lo más curioso, “empapelado” literalmente de billetes de dólar. Vale la pena entrar a echar un vistazo o a tomarse algo en un lugar tan singular.
Paseando por el Spit encontraremos un monumento a los hombres del mar, Seafarer’s Memorial. En una población como Homer, que vive de la pesca, es normal encontrar un homenaje a aquellos que han perdido su vida en el mar.
Como ya he dicho, el día estaba bastante nublado y eso junto con saber que no es una ciudad de grandes monumentos hizo que al final me decidiera simplemente por pasear por las tiendas y no llegar a la ciudad. Resultó un paseo tranquilo y entretenido.


La escala en Homer es de 6h y la naviera, como siempre ofrece excursiones diversas para visitar la ciudad y la naturaleza de la zona.
Por la tarde, cuando ya partíamos hacia nuestra nueva escala, salió el sol, algo bastante frecuente en este viaje, se despejó muchísimo y pude despedirme de los bonitos colores de Homer.




Os dejo más imágenes.

Crucero por Alaska - ANCHORAGE
Publicado el 22 de octubre de 2015 por Alicia.

Anchorage es la ciudad más grande y extensa de Alaska. Cuenta en su downtown con algunos edificios altos, tiene grandes avenidas para recorrerla y es tan amplia que resulta imposible visitarla al completo en una simple escala de crucero. Quizás carece del encanto de construcciones típicas como las que se encuentran en Ketchikan o Juneau pero a mí me pareció una ciudad atractiva. Posee todo tipo de ofertas de ocio como en cualquier gran ciudad y suele ser la puerta de entrada de mucho del turismo que visita Alaska. Rodeada de montañas y de cara al mar, ofrece muchísimas posibilidades para disfrutar de la naturaleza y la fauna de la región.
El puerto donde atracan los cruceros está bastante alejado del downtown y no se puede caminar por el. Por ese motivo la naviera proporciona un sistema de autobuses lanzadera que se traslada desde la terminal de cruceros hasta la quinta avenida donde se encuentra el Centro de Convenciones. Hay varios de estos autobuses que hacen el recorrido con frecuencia. Casualmente el que tomamos nosotros por primera vez llevaba el logo de Holland America, incluso en la tapicería.


Justo detrás de este edificio se encuentra la oficina de turismo. La oficina es muy completa. Tiene todo tipo de información y mapas sobre la ciudad y el estado, además de gestionar numerosas excursiones, todas ellas muy interesantes. El personal es muy amable y además tuvimos la suerte de encontrar a una señora que entendía y hablaba algo de castellano que había aprendido en su juventud cuando hizo una estancia en España.
Frente a la oficina de turismo se puede tomar un pequeño trolley que hace las veces de autobús turístico.
La verdad es que, a pesar de tratarse de una ciudad enorme, el centro, que es donde se encuentran muchas de las atracciones de la ciudad, se puede recorrer caminando. Y eso fue lo que hicimos, dar un paseo por el downtown de Anchorage.


Además, el clima era extraordinario. Un día muy soleado y con temperaturas que invitaban a lucir los brazos, algo que ya no sabíamos que existía después de las frías temperaturas que habíamos tenido en días anteriores.
Recorrimos la cuarta avenida donde se encuentran numerosos bares y restaurantes, tiendas de todo tipo y centros comerciales.
Contiguo a la oficina de turismo se encuentra el Old City Hall. En la misma acera, algo más adelante, una casa con tejados verdes, es el lugar donde se encuentra el Wendler Building o Club 25. Antiguamente, en estas latitudes era complicado para las mujeres entrar en los bares y cafeterías. Por ese motivo se creó este lugar, sólo para las féminas. Frente a la puerta se encuentra una escultura de un perro, monumento a los que realizaban y realizan carreras con perros y a estos últimos.


Al otro lado de la avenida encontramos la Rotary Square muy cerca de un centro comercial algo desangelado, el 4th Avenue Market Place. Eso sí, en uno de sus pasillos encontramos mucha información sobre la actividad sísmica de la zona, con paneles explicativos sobre todo de uno muy importante que tuvo lugar en el año 1964.
Vamos a encontrar por toda la ciudad innumerables figuras representativas de animales y muchos en las tiendas como reclamo para atraer al visitante. También encontramos algunos Tótems. La verdad es que hace que el paseo sea distraído y agradable. Están muy dedicados al turista.
De nuevo en la quinta avenida nos encontramos con el Town Square Park, una plaza grande con jardines llenos de flores y algo más adelante, la Holy Family Cathedral, un bonito edificio blanco inmaculado, de líneas muy simples, que se empezó a construir en 1915, el mismo año en que se fundó la ciudad. Es una catedral católica.


Desde allí caminamos hacia la playa y por el camino encontramos una escultura dedicada a los viajes del capitán Cook antes de llegar al Eldeberry Park. Un parque muy extenso junto a la playa donde se encuentra la Oscar Anderson Park, una casa de madera donde se recrea como vivían los primeros habitantes de la ciudad.
De regreso a la zona de la oficina de turismo, volvemos a pasar por innumerables tiendas, bares y restaurantes. Encontramos también algunos edificios administrativos, algunos Tótems y el teatro Fourth Avenue que está cerrado y abandonado. Una verdadera pena pues se trata de un edificio Art decó que en su momento lució con gran esplendor. Enfrente se encuentra el Federal Building.


De regreso al barco, ha bajado muchísimo la marea. Es uno de los lugares donde mejor se puede observar este fenómeno por lo exagerado que es y encontramos pescadores aprovechando la ocasión. Por la tarde tuvimos la ocasión de ver cómo iba subiendo y realmente es espectacular.
Almorzamos en el barco porque la escala era larga, 16 horas. Por la tarde, después del almuerzo aprovechamos para regresar de nuevo al downtown donde ya por la mañana habíamos estado en un gran centro comercial de la quinta avenida, con muchísimas tiendas y en el que en el último piso hay un gran Court Hall, lugar para comer o beber cualquier cosa y que dispone de conexión WiFi sin límite y a gran velocidad, gratuita. Es un espacio muy amplio y tranquilo, bien iluminado y nos sirvió para aprovechar y conectarnos al mundo.


En esta larga escala la naviera ofrece, como siempre innumerables excursiones sobre todo para disfrutar de la naturaleza y la fauna pero también para visitar la ciudad.
Yo pasé un día muy agradable y tranquilo en una ciudad que me sorprendió muy agradablemente y que finalizó con una bonita puesta de sol.

Os dejo más imágenes. 

Crucero por Alaska - ICY STRAIT POINT
Publicado el 16 de octubre de 2015 por Alicia.


No es ninguna población. En realidad, la población más cercana, Honnah,  está a unos dos quilómetros y medio.
Icy Strait Point básicamente es un lugar diseñado para las escalas de crucero desde donde se realizan muchas excursiones para disfrutar del paisaje, la naturaleza y la fauna del lugar. Al desembarcar podremos encontrar una antigua fábrica conservera de salmón que actualmente se ha convertido en museo y tienda y también la oficina de turismo donde se pueden contratar excursiones de todo tipo.


El desembarco se realiza en tenders. El barco fondea frente a Icy Strait Point y desde allí, por turnos bastante ordenados, se llega con los tenders.
El día que navegamos por el fiordo de Tracy Arm, a las 15.30h se empezaron a facilitar los tickets, por riguroso orden de llegada, para todos aquellos pasajeros que querían desembarcar en Icy Strait Point por libre. Es decir, para aquellos pasajeros que no tenían excursiones contratadas con la naviera y que querían bajar a tierra. El despacho de tickets se situó en la galería de arte y cuando te tocaba el turno, simplemente debías elegir de entre el horario que había libre, el turno en el que querías bajar. En mi caso, elegimos bajar sobre las 10.00h ya que la intención era dar una vuelta por el lugar y como mucho llegar hasta Honnah.
Conseguimos tener ticket para el horario deseado ya que no había demasiada cola. Creo que mucha gente tenía contratadas excursiones como en casi todas las escalas del viaje y éramos bien pocos los que nos movíamos por nuestra cuenta.
El día amaneció fresco pero con nubes y claros lo que permitió disfrutar de un magnífico paseo.


Nada más desembarcar del tender, allí mismo están los edificios de color rojo de las antigua conservera. Hay también unos autobuses que realizan viajes de ida y vuelta hasta Honnah. Pero una vez allí, tomamos la decisión de no ir al pueblo y simplemente dar un paseo en Icy Strait Point. Algunos pasajeros nos comentaron que el pueblo no era muy interesante y eso nos hizo tomar la decisión.  Así que nos encaminamos hacia el bosque para atravesarlo hasta la playa.


Es un recorrido muy agradable por un bosque espeso y húmedo que desemboca en una playa de piedra y llena de algas y pequeños moluscos. Fue entretenido y relajante.
Una vez en la playa, tuvimos la suerte de avistar un águila típica americana, las que tienen el plumaje de la cabeza y el cuello blanco y que se llama “águila calva”.
De regreso a los edificios de la conservera, hay unas pequeñas casas particulares con su propio cementerio en el jardín adyacente.
El complejo de la conservera es muy grande y lo forman varios edificios. En uno se realizan espectáculos de folclore local y en el más grande se encuentra material de cuando funcionaba como empresa de envasado de pescado, fotografías y todo tipo de material explicativo. Muy interesante y entretenido. Además, hay una gran tienda de artesanía y recuerdos para realizar alguna compra.


También hay una zona de restauración muy grande donde se puede saborear el plato típico que es el cangrejo.
Y después de pasar unas horas entre el paseo y la visita a la conservera, de regreso al barco con el tender.
La escala tiene una duración de 7 horas. Es poco tiempo pero suficiente para visitar el lugar e incluso ir hasta Honnah.


Como siempre la naviera ofrece excursiones a bordo para ver fauna marina y terrestre, ir de pesca, visitar Honnah, ver danzas típicas y para pasear por sus magníficos bosques.
En Icy Strait Point hay una gran tirolina, una de las más largas, que tiene ubicado el lugar de lanzamiento a una altura de casi 400 metros, con una longitud de algo más de 1.600 metros y que alcanza una velocidad de hasta 100 kilómetros por hora sobrevolando las copas de los árboles hasta llegar a la playa de Icy Strait Point. Para los amantes del deporte de aventura, el barco ofrece la posibilidad de descargar adrenalina con esta atracción.




Aquí os dejo más imágenes de ese tranquilo y bonito día.

Crucero por Alaska - JUNEAU
Publicado el 13 de octubre de 2015 por Alicia.

Juneau es la capital del estado de Alaska y junto a Honolulu, son las dos capitales de estado en USA a las que sólo se puede llegar por aire o por mar. A pesar de su capitalidad, es una ciudad pequeña, muy parecida arquitectónicamente a Ketchikan pero para mi gusto,  sin tanto encanto. Sus edificios son bajos y de colores y acoge también edificios institucionales como el Capitolio pero no se ve muy cuidada y se pueden encontrar algunas construcciones bastante deterioradas.
Se halla ubicada al pié de los montes Juneau y Roberts y en el canal de Gastineau lo que hace que la ciudad sea estrecha y alargada bordeando el canal.
Desgraciadamente Juneau me recibió lloviendo y eso truncó mis planes de visitar el cercano Glaciar Mendenhall al que se puede llegar con los autobuses lanzadera privados que ofertan nada más bajar del barco o incluso en autobús urbano. La oficina de turismo tiene buena información, mapas y personal muy amable y también encontraremos una serie de mostradores de madera donde se pueden contratar excursiones para avistar fauna o visitar el glaciar y también el autobús lanzadera que llega hasta el centro de visitantes a la entrada del parque donde se encuentra el glaciar. Se tarda en llegar unos 45 minutos y una vez en el centro de visitantes, se camina por un sendero hasta llegar al glaciar.


Pero como ya he dicho, hubo que cambiar los planes pues la lluvia era intensa y había algo de niebla, lo que dificultaba la visibilidad y hacía el paseo algo tedioso. A pesar de ello, el personal de la oficina de turismo nos animaba a visitarlo porque ellos consideran que el glaciar es una visita magnífica y obligada sea cual sea las condiciones meteorológicas. En fin, será la próxima vez.
En Juneau también hay un teleférico que se eleva desde la zona del puerto unos 550 metros hasta el monte Roberts. Desde allí las vistas de la ciudad son espectaculares y también del canal Gastineau. Pero como el día no acompañaba y además en la parte superior del monte, la niebla hacía acto de presencia pues también tuve que tacharlo de la lista. No vale la pena subir a ver unas vistas, cuando no se ven!


Así que, en vista del panorama, sólo me quedó la opción de dar un paseo por la ciudad. Las calles de Juneau son más estrechas que en Ketchikan pero en la calle principal, Franklin st encontraremos mucha actividad comercial. Muchas tiendas de ropa, recuerdos, artesanía y todo tipo de artículos, pero sobre todo, joyerías. Me recordó algunas islas del Caribe donde se pueden encontrar muchísimas.
En la esquina de Franklin st con Admiral Way se encuentra  un edificio emblemático de la ciudad, el Red Dog Saloon. El lugar es uno de los más antiguos de Alaska y servía comida y bebida a los mineros de la época. Su arquitectura y vivo color rojo lo hacen fácilmente reconocible.
Caminando por la calle principal se llega a una pequeña iglesia ortodoxa, la iglesia de San Nicolás que en ese momento estaba en obras. En la siguiente manzana se encuentra la iglesia de la Natividad, más grande y que pude visitar en su interior. Otros edificios como el museo de la ciudad de Juneau o el Capitolio están en calles adyacentes en las cuales el ambiente comercial ya no es tan notable. En realidad, el movimiento comercial se encuentra a lo largo de Franklin st, donde también se pueden encontrar bares y restaurantes. Allí se concentra el movimiento turístico porque a la que te alejas de la arteria principal, las calles se ven bastante desiertas.


En las tiendas, al igual que en Ketchikan vamos a seguir encontrando muñecos simulando fauna autóctona pero aquí hubo algo que me llamó la atención y que no encontré en ningún otro lugar. Había diferentes modelos de nacimientos recreados con animales típicos y esquimales, algunos muy divertidos.
A lo lejos, entre la niebla se podía ver el Disney Wonder que también estaba atracado en la ciudad. No hay que olvidar que Juneau es una de las ciudades más visitadas de Alaska y que está en casi todas las rutas que hacen los cruceros por esa zona.
La escala en Juneau era de 14h lo que me permitió pasear durante la mañana por la ciudad tranquilamente, comer en el barco y volver a salir por la tarde a realizar alguna compra de última hora.
La naviera ofrece en esta escala excursiones a glaciares, por mar, por aire y también trekkings. Avistamiento de fauna, ballenas, paseos por los bosques, pesca y salidas culinarias para saborear el salmón de Alaska. Una gran diversidad de actividades para aquellos que prefieren realizar las excursiones de manera organizada.

Os dejo algunas imágenes de la Juneau aunque no era un día muy fotogénico.

Crucero por Alaska - TRACY ARM Y GLACIAR SAWYER
Publicado el 10 de octubre de 2015 por Alicia.


Muy temprano, a las 9 de la mañana el Statendam hizo su entrada en el fiordo de Tracy Arm. Un fiordo estrecho, rodeado de altas montañas y con aguas de color turquesa. El día no era espectacular, bastante nublado pero sin lluvia. La temperatura, muy baja, alrededor de los 6 grados que con la humedad hacía que el frío se calara en los huesos. Pero nada puede impedir disfrutar de un espectáculo de la naturaleza de tales dimensiones.


Ya desde la entrada en el fiordo se empezaron a ver bloques de hielo de un azul intenso y de distintas dimensiones, que flotaban alrededor del barco. La visión es una maravilla. Vegetación muy verde por las montañas en contraste con el hielo y el color del agua mientras el barco avanza lentamente hacia el glaciar Sawyer por los recovecos del fiordo. Cada vez que gira el barco para seguir el tortuoso camino nos muestra un escenario todavía mejor. Cada vez vamos viendo más bloques de hielo desprendidos del glaciar y algún barco que se ve diminuto al lado de algunos de los témpanos que se cruzan en nuestro camino.



La gran ventaja del Statendam es que tiene una cubierta de paseo por la que se puede circular alrededor de todo el barco y eso permite moverse con facilidad sin aglomeraciones entre los pasajeros, para que todo el mundo pueda disfrutar del espectáculo.
También se puede acceder a la proa del barco y a la parte superior de la proa con lo cual aumenta todavía más la oferta de lugares para observar esta maravilla.


Holland America ofrece durante la travesía un puré de guisantes caliente que viene muy bien para combatir las bajas temperaturas.
Pero nada importa. No importa que se hielen los dedos de la mano aún llevando guantes por intentar tomar todas las fotografías posibles y desde todos los ángulos. No importa porque cuando finalmente el barco queda frente al glaciar Sawyer se siente una especial emoción ante tanta belleza. Aquel día el glaciar estaba especialmente “activo” y se pude ver en varias ocasiones el desprendimiento de placas de hielo con el consiguiente estruendo, un ruido atronador que bien parece que te encuentres en medio de una gran tormenta.



Durante toda la travesía del fiordo y también mientras el barco permanece parado frente al glaciar, una narración en inglés va dando datos sobre el glaciar y también de todo lo que se va viendo, avisando de los desprendimientos y de la fauna que hay alrededor. Había muchas focas sobre los bloques de hielo más cercanos al glaciar que, aunque resultaba difícil diferenciarlas, se pueden apreciar perfectamente en las fotografías.



Y para finalizar sólo decir que creo que es uno de los días de crucero más especiales, más bonitos y que más se disfrutan por lo bello que es el entorno que te rodea. En total, siete horas para poder contemplar una verdadera belleza de la naturaleza.

Aquí os dejo más fotos para que podáis disfrutar de este magnífico lugar.

Crucero por Alaska - KETCHIKAN
Publicado el 07 de octubre de 2015 por Alicia.



Después de salir de Seattle y navegar durante un día entero rodeando la isla de Vancouver y en dirección a Alaska, llegamos a Ketchikan, una pequeña ciudad, muy coqueta, con construcciones muy coloristas y fácil de visitar en una escala de crucero.
Durante el día de navegación nos dieron la opción de visitar las cocinas del barco, algo que, a pesar de ser todas prácticamente iguales, siempre me resulta curioso y me gusta ver como se organizan en esa trastienda inmensa que nos facilita magníficos momentos culinarios durante el crucero. Esa misma noche, fue la primera noche de gala donde el capitán y su tripulación se presentaron ante el pasaje en el pequeño teatro del barco.



Ketchikan es conocida como la “capital del salmón” porque es posible verlos remontando el río cuando llega la temporada de la reproducción y a toda la industria vinculada a la pesca y envasado de este pescado. Está situada en un bonito emplazamiento, rodeada de montañas y bosques y se ha convertido en un centro turístico muy importante desde hace ya bastantes años pues es uno de los puertos de escala más importantes de los cruceros que realizan su ruta por Alaska. A través de sus amplias calles vamos a poder recorrer una ciudad que tiene mucho que ofrecer.
El barco atraca en el centro de la ciudad y desde allí es fácil recorrerla a pie. Al bajar podemos encontrar un autobús gratuito que hace un pequeño recorrido por la ciudad y hasta un centro comercial. También hay una oficina de turismo bastante completa con mapas y mucha información. En el muelle, “The Rock” una gran escultura de bronce que refleja la historia de la ciudad, te da la bienvenida.
Mi recorrido empieza a pié de barco, caminando por Mission st. donde se pasa bajo un enorme arco con el nombre de la ciudad.
Aquí ya podremos comprobar la gran actividad comercial que tiene Ketchikan. Muchas tiendas, bares y restaurantes por todas partes que esperan amablemente a los turistas.


Caminando por Mission st. se llega a una pequeña iglesia de fachada blanca, St. John’s Episcopal Church cuyo sencillo interior de madera, resulta muy cálido y acogedor. Al final de la calle se encuentra un enorme tótem dedicado al jefe Johnson, tallado en cedro, con un águila en la parte superior y representativo de tiempos en los que la tribu Tlingit habitaba el lugar.
En la parte posterior se puede ver el río y un paso hacia la colorista Creek st.
Pero mi ruta continua por Dock st. donde se encuentra el Tongass Historical Museum donde se pueden ver exposiciones locales temporales y permanentes, fotografías antiguas, libros y artículos históricos pertenecientes a antiguos pobladores de la zona.


Siguiendo por Park ave. se llega a un puente que cruza el río y desde donde podemos tener unas bonitas vistas. Desde allí se puede acceder a una plataforma a modo de mirador para contemplarlo y poder ver los salmones que lo remontan cuando es la temporada. También desde allí arranca el Married Man’s Trail, un estrecho camino que circula paralelo al río, atravesando el bosque y que llega de nuevo a Creek st. Se dice que por ese escondido camino bajaban los maridos hacia las casas de citas.
Creek st es la zona más famosa de la ciudad. Casas de madera junto al río,  de diversos colores y que dan un toque de color a Ketchikan. Antiguamente estos edificios sobre el agua eran burdeles y en la actualidad se han convertido en tiendas de recuerdos que venden objetos de artesanía local y todo tipo de objetos curiosos. En uno de sus escaparates se puede ver un diario de 1867 en el que se habla sobre la compra del territorio de Alaska por parte de USA. En el interior de las tiendas de Ketchikan podemos encontrar cualquier cosa para llamar la atención del visitante, desde fotografías antiguas a un oso o un coche. Durante todo el viaje esta será la tónica en la gran mayoría de las tiendas visitadas.


En Dolly’s House Museum, una destacada casa de Creek st. de color verde claro situada en el número 24, podemos encontrar antigüedades, fotografías e incluso un vídeo de la señora Dolly que regentaba la casa y ofrecía compañía femenina a pescadores y mineros que pasaban por allí.
Paseando por allí, entre las casa, se puede observar un pequeño funicular de color rojo que sube hasta Cape Fox Hill en lo alto de la colina para desde allí poder realizar paseos por el bosque.
Al final de Creek st. se encuentra el puente Stedman y la calle del mismo nombre por donde inicié mi regreso hacia el muelle. Por el camino se pueden encontrar muchísimas tiendas, algunas muy grandes y que ofrecen precios muy bajos y descuentos. Quizás, después de haber realizado todas las escalas, puedo decir que es la ciudad más asequible para las compras ya que vamos a encontrar infinidad de objetos de artesanía, los mismos que encontraremos en tiendas de otras poblaciones y a mejor precio. También encontraremos cafeterías, bares y restaurantes para hacer un receso antes de regresar al barco.
La naviera ofrece excursiones en Ketchikan para visitar los Misty Fjords en barco o bien sobrevolarlos, visitas a los bosques para avistamientos de fauna local, pesca y excursiones temáticas dedicadas a los amantes del arte culinario o de aventura. De este modo, durante las nueve horas que dura la escala se puede optar por la visita a la ciudad, realizar una excursión de larga duración o bien compaginar la visita a Ketchikan con una excursión más corta.


La navegación escénica después de salir de Ketchikan resulta muy agradable porque transcurre por una zona bastante estrecha, donde podemos observar los bosques, las montañas y la población junto al mar. Allí es el primer lugar donde pude observar muchos hidroaviones, un gran tráfico de ellos y también las primeras muestras de la fauna local.

Os dejo algunas fotos de mi recorrido por esta bonita ciudad.