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Crucero por Alaska - VICTORIA
Publicado el 3 de enero de 2016  por Alicia.



Y llegamos de nuevo a Canadá. Atrás ha quedado Alaska y sus hermosas escalas, todas ellas con carácter propio y una completa muestra de naturaleza y paisaje.
Victoria es una bonita ciudad situada en el sur de la Isla de Vancouver. Sorprende su arquitectura y su ambiente apacible y tranquilo, lo que sin dudar hace que tenga un porte muy “british”. A pesar de su aparente calma, es una ciudad en movimiento constante, con grandes avenidas y calles, muy limpia y cuidada y con muchos turistas dispuestos a disfrutar de sus bonitos rincones.

En Victoria la naviera propone tomar un autobús lanzadera de pago hasta el centro de la ciudad. En realidad el centro no queda muy alejado del puerto y hay quien incluso lo realiza caminando. En nuestro caso, optamos por tomar el autobús urbano. Nada más salir del puerto hay que girar hacia la izquierda, en Dallas rd y a unos 80 metros se encuentra la parada de autobús. Los números  30 y 31 circulan desde el puerto hacia el centro y viceversa y su precio es de 2,50 dólares canadienses que deben pagarse en efectivo porque el conductor no devuelve cambio.


La ciudad nos recibió con mal tiempo. Una tremenda tormenta empezó nada más bajar del barco y las primeras gotas ya caían cuando estábamos esperando el autobús. Al llegar al centro, nos bajamos en Douglas st. una de las principales calles de Victoria, frente al centro comercial Bay Centre. La lluvia cada vez iba a más y optamos por entrar en él y esperar tranquilamente a que amainara el temporal mientras aprovechábamos para saludar a los amigos y familiares a través del Wifi gratuito que ofrecía el lugar.


Poco a poco, fue dejando de llover y entonces, ya de nuevo preparados para explorar la nueva ciudad, salimos a recorrer sus calles. Al salir del centro comercial tomamos View st. y lo primero que encontramos en la esquina con Blanshard st. es St. Andrew’s Cathedral, la catedral católica de Victoria construida en estilo gótico victoriano, con una bonita fachada de ladrillo rojo y una única torre. Tiene un interior amplio y luminoso.
Continuamos nuestro camino por View st. hasta la siguiente calle, Quadra st. Una vez allí, giramos a la derecha y llegamos a un pequeño parque, Pioneer  Square, con grandes árboles y algunas tumbas ya que en el pasado fue el asentamiento de un cementerio. Justo al lado se encuentra Christ Church Cathedral, un imponente edificio gótico de piedra gris, catedral de la iglesia anglicana en Victoria. Sus grandes dimensiones y su sobrio interior le dan un cierto toque de misterio.


Salimos de la catedral y ya se intuía que el día iba a ir despejándose cada vez más. La luz era más intensa y los rayos de sol aparecían tímidamente.
Regresamos de nuevo a Blanshard st. y en la esquina con Yates st. nos encontramos con la Biblioteca pública. Si  miramos hacia la izquierda en Yates st. se halla el Odeon, edificio dedicado al show, teatro y cine.  
Continuando por Blanshard st. llegaremos a la sinagoga de Victoria, un bonito edificio de ladrillo rojo de grandes dimensiones.
Desde allí giramos a la derecha por Pandora st. y en la esquina con Quadra st. nos encontramos de nuevo con un monumental edificio de piedra gris y forma de iglesia que no es otra cosa que el Conservatorio de Música.
Si giramos a la izquierda por Qadra st. podremos ver dos edificios más. A la izquierda la First Baptist Church y justo enfrente  la Saint John the Divine, una bonita iglesia anglicana. También a la izquierda veremos una pequeña casa pintada en vivos colores  que corresponde al Turtle Hostel.


Si continuamos caminando por Quadra st. encontraremos la First Metropolitan United Church al llegar a la esquina con Balmoral Rd.
De entrada Victoria se presenta como una ciudad muy monumental pero sobre todo, con numerosas iglesias, todas ellas de bella arquitectura y muy bien conservadas.
Tomamos Fisgard st. hasta Douglas st. donde giramos a la izquierda para llegar al Victoria City Hall, un bonito edificio de construcción  muy característica del oeste de Canadá. Rodeamos su fachada por Pandora Ave. donde se encuentran anexos algunos edificios más modernos que también pertenecen al City Hall. En la intersección con Broad st. podemos ver un paso de cebra con la bandera arco iris igual al que ya habíamos visto en Vancouver y que se encuentra en otras muchas ciudades del mundo.
Un poco más adelante a la derecha, en una isla interior y algo escondido, se encuentra el Victoria’s BC Spirit Square, un parque de cemento con un par de tótems custodiando la entrada.


Continuamos por Pandora Ave. y nada más cruzar Government st. nos damos cuenta de que nos hallamos en Chinatown. De repente las farolas  están pintadas en color rojo y los carteles de las calles, también rojos, escritos en inglés y en chino. Ornamentos típicos por todas partes y por supuesto, comercios en los que se puede comprar cualquier cosa……china.
Giramos a la derecha por Government st. y a la derecha, en la esquina con Fisgard st. encontramos una pequeña plaza, CRD Square, en la que hay un gran globo terráqueo, The Bright Pearl, una escultura curiosa que nada tiene que ver con la decoración oriental que nos rodea  y que se hace patente hasta en las cabinas telefónicas.


En el lado izquierdo de Fisgard st. se encuentra una gran puerta de arquitectura china que da la bienvenida al barrio. Después de atravesarla y continuando por Fisgard st. se llega a un estrecho y famoso pasaje situado a la izquierda, Fan Tan Alley. Es muy popular entre los turistas y allí se hallan numerosas tiendas de artesanía, recuerdos y objetos curiosos. El pasaje finaliza en Pandora Ave. por la que continuamos caminando hacia la derecha para llegar a una plaza donde encontramos un puente de aspecto extraño, el Johnson Street Bridge. Se trata de un puente levadizo de hierro, que ha sufrido varios cambios desde su construcción y que en la actualidad no funciona.


Desde allí, comenzamos a caminar por Wharf st. que discurre al lado del mar con unas excelentes vistas del puerto de Victoria y del aterrizaje y despegue de hidroaviones  para llegar a Bastion Square, una calle peatonal muy animada en el lado izquierdo, llena de cafés, bares y restaurantes con sus terrazas abarrotadas de  gente aprovechando el espléndido día del que estábamos disfrutando.
Aquí podemos encontrar el Museo Marítimo. Nosotros decidimos hacer un receso en uno de los bares de la zona y reponer fuerzas.
Tras el descanso, nos encaminamos por Government  st. donde se encuentra un edificio neoclásico que alberga la librería más emblemática y famosa de Victoria, Munro’s Books of Victoria. Toda la calle está llena de edificios notables y tiendas de todo tipo. Es una zona excelente para realizar compras.
Seguimos avanzando y descubrimos otra tienda interesante, Rogers, una delicia para los amantes del chocolate y donde, por supuesto, hacemos una parada.


Al final de la calle se llega a una gran plaza donde está situada la magnífica torre Art Decó de la oficina de turismo y el espléndido hotel Fairmont. Pasear por esa zona resulta muy agradable. Una zona verde muy cuidada y con el mar como fondo. Algo más adelante, ya podemos ver el colosal parlamento de Victoria, sin duda el edificio más emblemático de la ciudad y el más visitado. Se encuentra en una amplia explanada y se pueden realizar visitas guiadas en varios idiomas.
Muy cerca de allí, en Belleville st. y frente al Royal BC Museum y el parque Thunderbird, está situada la parada de autobús para regresar de nuevo al puerto.


Esta fue nuestra ruta en Victoria. No muy extensa pero suficiente para conocer el centro de la ciudad en las horas de duración de la escala. Resulta una localidad muy agradable de recorrer y la mejora en el clima también nos ayudó a disfrutar de un lugar magnífico. Además, como final de viaje, fue la guinda del pastel perfecta para un crucero inolvidable.


Os dejo más fotos de esta bonita ciudad.


Crucero por Alaska
Publicado el 23 de agosto de 2015 por Alicia.

Acabo de regresar de un crucero por Alaska a bordo del Statendam de Holland América. Ha sido mi primer crucero con esta compañía y he de decir que la experiencia ha sido muy buena.
El crucero ha tenido una duración de 15 días con salida y regreso a Seattle pero siempre que me traslado a tantos quilómetros, intento aprovechar antes o después del crucero para visitar algún lugar más. En esta ocasión la visita fue a la ciudad de Vancouver y Seattle antes de embarcar.

Los vuelos los realicé a la ida con KLM y el regreso desde Seattle con Delta y después el enlace, con KLM. Ambas compañías tienen buen servicio y en los vuelos largos proporcionan todo lo necesario. Tan sólo hubo la pega y es que el vuelo de Delta salió con retraso de Seattle y el tiempo de enlace en Ámsterdam fue muy justo. Eso se tradujo en que tuviera que correr por la terminal para hacer el cambio pero no dio tiempo a que se hiciera el cambio de maletas y llegaron un día más tarde. Un mal menor.
Para trasladarme de Vancouver a Seattle el transporte elegido en esta ocasión fue el tren. La compañía americana Amtrak realiza ese trayecto que tiene una duración de 5 horas y que resulta más cómodo que las interminables colas y esperas en los aeropuertos. Los trámites se pueden realizar desde una hora y media antes a la salida del tren y en la misma estación de Vancouver toman tus datos, te hacen la foto, etc… todo lo necesario para inmigración y facturas las maletas de gran tamaño que te serán entregadas en destino. Después, en el momento en que se cruza la frontera de USA, simplemente pasa un empleado de aduanas revisando los pasaportes. Realmente, resulta mucho más cómodo que el avión.

Como ya he comentado, antes de embarcar visité las ciudades de Vancouver y Seattle durante unos días y pude disfrutar de sus atracciones, su arquitectura y el ambiente de sus diferentes barrios.
Son ciudades tranquilas y extensas pero con bastante movimiento. En ambas se pueden encontrar gran número de turistas y eso también viene dado porque tanto Vancouver como Seattle son dos de los puertos de partida más importantes para los cruceros en Alaska.

El Statendam es un barco de tamaño pequeño, sobre todo si lo comparamos con las dimensiones de las últimas construcciones.  Por ese mismo motivo resulta un barco muy cómodo, todo está cerca y no hay que hacer grandes caminatas para llegar a nuestra cabina. Eso sí, para aquellos que como a mí,  les guste caminar contemplando el mar, el Statendam conserva una excelente promenade que permite rodear todo el barco, algo que en las últimas grandes construcciones se está perdiendo.


La decoración del barco es sobria y elegante, nada recargada y en muy buen estado de conservación. Tiene muchos salones que ofrecen diferentes ambientes y una mayor privacidad. Hay varias cubiertas con autoservicio de lavandería y he de reconocer que resulta muy exitoso pues estaban en funcionamiento constantemente. Es sorprendente su gran biblioteca, con mucho espacio para la lectura, bien iluminada y con un considerable número de ejemplares en varios idiomas, incluido el castellano. Posee una piscina con cubierta retráctil que permite el baño durante la travesía a presar de que las temperaturas son muy bajas por aquellos lares. Quizás lo que menos me ha gustado ha sido el teatro, ya que se trata más bien de una sala de fiestas y la leve inclinación no permite en ocasiones una buena visión. Eso sí, los espectáculos son sencillos pero muy bien elaborados y cuenta con un equipo de cantantes considerable.
El servicio es correcto. Camareros y asistentes de cabina son mayoritariamente indonesios y filipinos. En el mostrador de atención al cliente se puede encontrar personal de habla hispana y tanto el diario de a bordo con las actividades diarias como el menú, lo facilitan en castellano.
La comida está muy bien tanto en el buffet como en el restaurante. En mi caso utilicé el turno fijo de cena aunque se puede optar por el turno libre y cenar a la hora que convenga dentro del horario propuesto.
Y en cuanto a la animación, el programa diario ofrece diferentes actividades, charlas sobre los lugares que se visitarán, charlas culinarias, varios pases de cine y actividades dirigidas por el equipo de animación que resultan bastante divertidas.

Holland América atraca en el Pier 91. La terminal es bastante grande y además ofrece consigna de equipaje. Se puede acceder en taxi o con el autobús 24 o 33, aunque hay que remarcar que el servicio de autobuses en Seattle es lento y las esperas, en ocasiones, pueden ser largas. Además, la parada de autobús se haya sobre un puente y hay que subir unas escaleras por lo que puede ser útil sólo si se viaja sin equipaje.
El embarque empezó a las 12h y fue rápido y ordenado. Una vez entregas la documentación y te dan las tarjetas de la cabina, también te asignan una letra por la cual te llaman para el embarque. Esperas en una amplia sala que en mi caso resultó de no más de 30  minutos. La cabina está lista en el momento del embarque.
El desembarque también es rápido. Simplemente hay que bajar del barco directamente a la hora asignada, sin esperar en zonas comunes ya que te permiten el uso de la cabina hasta la hora asignada para el desembarque. Además se puede solicitar el desayuno en la habitación en ese día, algo que otras compañías no permiten por tratarse de un día de desembarque.
Una vez en la terminal hay que pasar el proceso de inmigración que resultó bastante rápido también y recoger el equipaje que está dispuesto ordenadamente por colores.

La ruta de este crucero fue lo que me animó a realizarlo. Pocas compañías realizan cruceros de 14 días sin repetir escalas y además con salida y regreso al mismo puerto. Las escalas son muy interesantes y la ruta en general, una maravilla. El paisaje y los lugares que se recorren son fascinantes.


Y ya para finalizar, sólo decir que es un crucero muy recomendable, tanto el barco como la ruta que se realiza. Ya he dicho que era mi primer viaje en Holland América y espero que no sea el último. El estilo de la compañía me ha gustado y a pesar de que cada compañía tiene sus particularidades buenas y menos buenas, lo encuentro bastante similar a Princess o Celebrity.
He disfrutado mucho tanto del crucero como de los días previos que he pasado en Vancouver y Seattle. El clima ha sido bastante benigno y definitivamente, un crucero por Alaska, es uno de los destinos más sorprendentes que podemos encontrar.